XV. Aceptamos el amor que creemos merecer. «Como Venecia sin agua, pues yo sin ti, igual »
jueves, 26 de junio de 2014
¡Qué bonita la vida si le tengo!
Los pájaros trinaban dulcemente mientras yo, descansaba relajadamente en su pecho, segura de donde estaba, con sus brazos protegiéndome de la fresca brisa que me aleteaba el pelo. Me sentía feliz, sin nada que temer, sin angustias. Me alegraba saber que alguien que antes era mi insomnio ahora está a mi lado, aquí, conmigo. Abro los ojos y me encuentro su bello rostro, y en ese instante, se gira y sus ojos verdosos me ceden confianza, amor, amor de verdad. ¡Qué bonita es la vida si le tengo a mi lado! Siento un tenue beso rozándome la comisura de mis labios y con el etéro y bonito sonido de aquellas pequeñas aves, nos fundimos en un grato beso. Pasa el tiempo y caminamos de la mano por la baja sombra de los verdes árboles. Cómo me gusta que se detenga y me sostenga la mirada, que me sonría y me abrace, susurrándome al oído lo mucho que me quiere. Ojalá pudiese capturar ese momento, grabarlo para repetirlo una y otra vez. Que me haga cosquillas, aún sabiendo que no me gustan. Y en ese momento me doy cuenta, que todo lo que venga de él, no me importa. Que bonito, que te hagan reír, pero más que nada que sepan como hacerlo, que sepan sacarte una sonrisa día a día. Y sé, que si no es él, no será nadie más. Porque le quiero, y nunca querré dejarle escapar. Quiero que sea mi rutina, que mis buenas noches sean gracias a él, despertar y encontrar su sonrisa frente a la mía. Si pudiera, estar con el todos los días de mi vida.
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