Rozar mis labios con los huesos de tu clavícula, a paso lento. Los tuyos por mi cuello, acariciándome la sien. Mis manos por tu espalda, las tuyas por mi pelo.
Amor, amor emocional. Del que te deja huella, del que te marca, del que te deja con ganas de más. Del que emociona, el que motiva.
Besarte suavemente en la comisura de tus labios, finos, que sepan a miel. Devolverme el beso con pequeñas mordidas en el labio inferior.
Mirarnos a los ojos, destilando amor. Amor emocional. Del que te engancha, como un yonki a la droga. Del que te destroza si no estás, del que te alegra cuando me acompañas.
Amor que te funde en un beso intenso, amor que te recorre escalofríos por tu cuerpo al recibir un te quiero suyo. Amor que te proteje con un cálido abrazo.
Amor, amor emocional.
XV. Aceptamos el amor que creemos merecer. «Como Venecia sin agua, pues yo sin ti, igual »
martes, 6 de mayo de 2014
«Vuelve»
Como una ráfaga de aire llevándose las colillas de un cigarro sin acabar. Te fuiste. Pero no volviste.
Observo aquel banco, dónde sentanda encima tuya, te decía aquellos 'te quiero' incesantemente. Tus ojos azulados rutilaban y me soltabas «yo también te quiero, mi vida no proseguría sin ti»
¿Y esto? ¿Dónde quedaron tus palabras?, ¿y tus promesas?
Miro a un lado, hacia otro. Sin dirección. Sin rumbo.
Deambulo y visualizo el banco. Nuestro banco. Me paro y evoco nuestros momentos convertidos en óxido.
En ese relámpago mis ojos se inundan de pequeñas lágrimas. Caen suavemente por mi mejilla. Como las gotas de lluvia en el cristal. Como las gotas de tequila en un grial.
Y me rompo, me quiebro en mil pedazos.
Sollozo y en un balbuceo apenas audible te pido que vuelvas, pero ya no estás. Te pierdo y te me vas, te fuiste ya.
Mi corazón te grita «vuelve» pero tu ya no estás.
«Como Venecia sin agua, pues yo sin ti, igual »
Observo aquel banco, dónde sentanda encima tuya, te decía aquellos 'te quiero' incesantemente. Tus ojos azulados rutilaban y me soltabas «yo también te quiero, mi vida no proseguría sin ti»
¿Y esto? ¿Dónde quedaron tus palabras?, ¿y tus promesas?
Miro a un lado, hacia otro. Sin dirección. Sin rumbo.
Deambulo y visualizo el banco. Nuestro banco. Me paro y evoco nuestros momentos convertidos en óxido.
En ese relámpago mis ojos se inundan de pequeñas lágrimas. Caen suavemente por mi mejilla. Como las gotas de lluvia en el cristal. Como las gotas de tequila en un grial.
Y me rompo, me quiebro en mil pedazos.
Sollozo y en un balbuceo apenas audible te pido que vuelvas, pero ya no estás. Te pierdo y te me vas, te fuiste ya.
Mi corazón te grita «vuelve» pero tu ya no estás.
«Como Venecia sin agua, pues yo sin ti, igual »
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